Las emociones duran treinta segundos. TREINTA. SEGUNDOS.
Eso es lo que tarda un semáforo en ponerse en verde, lo que tarda un mosquito en arruinarte la noche, o lo que necesitas para darte cuenta de que esa persona que te gusta tiene una risa demasiado parecida a la de un villano de la película. Después de eso, lo que sea que sigas sintiendo no es más que una repetición voluntaria, como cuando sigues viendo una serie mala solo porque ya empezaste la temporada.
Y aquí es donde entra el Taj Mahal. Porque sí, nos han dicho que es “una de las maravillas del mundo” y “un símbolo del amor eterno”, pero la verdad es que es un monumento a la incapacidad de soltar.
El emperador Shah Jahan perdió a su esposa y, en lugar de hacer terapia o ponerse a entrenar para distraerse, decidió gastar una fortuna en un mausoleo de mármol blanco. Veinte años de construcción. Miles de obreros. Un proyecto de infraestructura basado en “no superé a mi ex”.
Y lo peor es que seguimos haciendo lo mismo, le damos espacio premium en nuestra cabeza a gente que ya ni nos recuerda. La ex , el amigo que no te contestó un mensaje, el vecino que te miró raro. Todos ellos siguen ocupando un lugar en tu mente como si pagaran alquiler, cuando en realidad están viviendo gratis.
Ahora, pausá para hacer un ejercicio de imaginación: si el Taj Mahal se hubiera construido en Argentina, el resultado habría sido una obra abandonada con un cartel que dice “PRÓXIMA INAUGURACIÓN – 2048” porque al presupuesto se lo robaron entero. Los funcionarios hubieran declarado en la tele que "el mármol no llegó porque la licitación se cayó", y en su lugar, la tumba de la esposa del emperador estaría en un galpón con paredes de durlock y techos de chapa. Básicamente, el tipo hubiera terminado en la TV diciendo "me estafaron, me arruinaron la vida", pero la culpa no sería suya, sino de su falta de herramientas emocionales.
Y hablando de herramientas, dejemos algo en claro: si estás atascado en una emoción que ya pasó, es porque no tenés más recursos que las Mickie Herramientas de Mickey Mouse. No es que te arruinaron la vida, es que no sabés cómo construir otra cosa con lo que tenés. Y si eso te suena duro, bueno, hacete el favor de dejar de victimizarte y ponete a buscar aunque sea un destornillador emocional básico.
Y el amor. Ah, el amor. Te enamoraste durante treinta segundos, como cuando ves un cachorro y sentís que lo necesitás en tu vida. Pero después, tu cerebro decidió convertir ese momento en una superproducción de Hollywood, editando todas las partes en las que la persona en cuestión decía cosas como “para mí la Tierra es plana” o “ Tinelli después de la temporada 15 siguen siendo bueno”. Básicamente, construiste tu propio Taj Mahal mental, con cada recuerdo embellecido artificialmente, sin darte cuenta de que el mármol de tu amor era cartón pintado.
Y el perdón. Ah, el perdón. Nos lo vendieron como un acto divino, pero en realidad es una simple cuestión de mantenimiento mental. No tiene nada de heroico ni de elevado, es simplemente cerrar la pestaña mental donde sigues discutiendo con alguien que ni se acuerda que existís. No es un sacrificio, no es espiritualidad, es liberarte de una suscripción emocional que nunca pediste.
Obviamente, hay límites. Nadie te está diciendo que invites a un asado [1] o una cerveza[2] a la persona que te hizo sentir que la amistad no existe. Pero tampoco hace falta que sigas conservando rencores como si fueran documentos de AFIP que hay que guardar por diez años.
Así que basta de construir mausoleos mentales. Si el emperador Shah Jahan hubiera vivido en 2024, en vez de hacer el Taj Mahal, habría estado stalkeando a su ex en redes o publicando frases pasivo-agresivas en Instagram con un filtro sepia. Y si crees que no estás haciendo lo mismo, fijate bien.
Así que, por favor, no conviertas tu vida en una licitación eterna para construir el Taj Mahal de tus dramas, porque al final, nadie va a hacer turismo en tu sufrimiento, y encima te vas a quedar sin presupuesto para cosas más importantes, como ser feliz o al menos compartir un buen mate.
Nota al pie:
[1]Soy vegetariana así que zafo de ese quilombo del asado.
[2] No tomo alcohol así que puedo ver claramente como se ven los demás tomando para emborrachar su pobreza mental.